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Fotografía por CincoOjos

Tú hablas mi lenguaje

Al pensar en música y su significancia a nivel social solo se me viene a la mente mi experiencia con ella. La música ha sido una de mis dos pasiones, dialogando eternamente con la literatura. Esta última la he estudiado y digerido de diferentes formas. Me he hecho amiga de las palabras, también he peleado con ellas y me he frustrado más de una vez al no poder concretar una imagen, un personaje o una historia. A veces al leer una novela puedo observar la estructura del texto, la cual imagino como un esqueleto que va tejiendo sus partes para concretarse por último como un ser individual y único. Esto me produce felicidad. Pienso que el lenguaje tiene su matemática y que tengo suerte al lograr decodificarlo. La literatura se transforma así para mí en una experiencia de goce y a su vez en un reto diario de intentar comprenderla. Por lo mismo, me es imposible pensar la música sin compararla con las palabras.

La música tiene un lenguaje que no descifro y que no comprendo a cabalidad. Esta carece de semántica, no busca su fundamento en el sentido. Se comunica conmigo en un lenguaje mítico, vibracional y corpóreo. ¿Cómo describo la textura y la experiencia física del sonido con palabras? Varias veces lo he intentado sin lograrlo plenamente. Desentrañarla es una tarea desconcertante y más bien imposible y es por esto mi pasión por ella.

Tengo la idea de que las artes son como unas raíces arbóreas que se crean en conjunto con la historia social en la cual nacieron. Al poner una raíz en la tierra esta irá expandiendo raíces más pequeñas y a su vez nacerán tubérculos que deformarán y cambiarán el crecimiento mismo de la planta. Es así como veo tanto a la literatura como a la música. Muchas veces he comparado bandas o tendencias musicales con escritores o libros. He llegado a decir en conversaciones nocturnas que Keruoac sería lo que es a The Ramones en literatura. Solo a veces acierto.

También, a ratos, la comparo con la poesía. La música logra imágenes y sensaciones extraterrenales. Una palabra unida a un conjunto de ritmos y sonidos puede englobar un sentimiento sin decir mucho, estas logran sacarte del lugar en donde estas y viajar a diferentes espacios, al igual que un verso o una estrofa. Entrar en un disco o en una banda es recorrer desde los acordes hasta su lugar de origen. Es estar ahí en medio de Nueva York con gritos enajenados por las injusticias sociales, es volcarse a las raíces indígenas de tu tierra, es recordar la historia o imaginar esa historia llena de individualidades, subjetividades y contextos. Ambas artes son una recreación de las vivencias personales y nacen de la observación individual interna buscando capturar los ritmos del campo, de la calle, del hogar o de donde se posa el ojo mítico.

Es así que pienso que tanto la música como la literatura te sacan de lo terrenal  para llevarte a un registro de la actividad de los pensamientos.

 

Constanza Bustos(31 años) Licenciada en Letras Hispanoamericanas y lingüística y Magíster en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Católica.  Colaboradora en la revista Rockaxis y en la página digital Walking Stgo.