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Los Jaivas y “El tema de los solos”

Los Jaivas se reunían, a finales de los ’60 y recién partiendo los ’70 en la Boite Chichón, subterráneo de la casa de los Parra en Calle Viana, centro de Viña del Mar. Lugar en que desarrollaban espectáculos teatrales, discusiones alrededor de temas culturales (y otros no tanto). Espacio en que tocaban y se armaban fiestas que generalmente resultaban con algún hematoma en la cabeza producto de una viga a poca altura: de ahí el nombre del pequeño recinto. El grupo ya estaba desarrollando un lenguaje musical basado en la experticia del manejo instrumental y la creatividad que los llevaba a desafiarse sin límites.

Fue así como una noche estaban los tres hermanos Parra junto a grupo de amigos, desarrollaban lo que llamaban “El Tema de los Solos”: una pieza musical que rotaba en tres acordes – tal vez muy similar a lo que sería el “Corre que te pillo”- y que daba espacio a cada uno, claro está, a lucirse en un solo instrumental echando mano de toda su pericia y creatividad.

El primero fue Claudio, que empezó a derrochar sobre las teclas lo aprendido en el conservatorio. Cuando ya tenía a todos los presentes entusiasmados, haciendo gala de la brutal técnica adquirida, sin detenerse empezó a echar dentro del piano todo lo que tuviera a su alcance: primero fue un chaleco, luego la chaqueta, rápidamente tomó un bolso que tenía a un costado; fue apañando el instrumento con todo lo que tenía cerca hasta casi perder su sonido por este cerro de ropa. Gritos de asombro y entusiasmo de todos los presentes y ¡paf!: vuelven al motivo central del “Tema de los Solos”.

Después de esta proeza instrumental los ojos estaban puestos en Gabriel, el menor de los hermanos, que era reconocido por su talento frente a la batería pero: ¿Podría enfrentarse al desafío impuesto? ¿Qué haría?: ¿Cómo sobrepasaría o al menos igualaría lo hecho en el solo de Claudio? El tema seguía rotando con las miradas fijas en él hasta que llegó su momento: Gabriel aceleraba y retrazaba el pulso, matizaba el sonido pasando de eufóricos golpes a susurros en los platillos y tambores. Sorprendiendo a todos, la batería se fue desmantelando. Primero los metales: sin perder el ritmo con certeros golpes de baqueta soltaba los pernos y los iba ordenando a un lado. Así fue con todas sus partes dejando solo el bombo y la caja y ¡paf!: vuelven al “Tema de los Solos” despertando aplausos sordos entre los amigos.

El tema seguía rotando y ahora los ojos estaban fijos en Eduardo: el desafío estaba echado y él debía responder desde su teclado moog. ¿Cómo superar a Claudio con el cerro de ropa dentro de su piano? ¿A Gabriel y su circense acto de disociación? Llegó su momento: el mayor de los hermanos se pone de pie, con todos los presentes pendientes de sus movimientos: deja el teclado a un lado y se sienta en el sillón junto a uno de sus amigos que estaba de público; prende un cigarro se sirve una cerveza y empieza: “La música es más que sentimiento y señales sonoras…”, dando un discurso en el que todos se largan a reír por su abierta comicidad, dejando claro que las noches de correrías y bohemia literaria le habían dado un profundo interés en la expresión poética. Eduardo deja su cigarro, vuelve al teclado y ¡paf!: vuelve a sonar el “Tema de los Solos”.

De una conversación con Eduardo Parra, Los Jaivas.

 

Matías Correa, músico e investigador musical. Ha escrito en Diario La Segunda y El Periodista; los programas radiales Alertas y Sonidos y Cadáver Exquisito en Radio Tierra; actualmente es parte del equipo de La Lira Popular Colectiva y escribe en su propio blog musical Afiche En La Pared.