“Show no mercy”

Tenía once o quizás doce años, cuando un amigo/novio metalero de mi hermana mayor, en un acto casi espiritual o epifánico, me prestó el cassette original americano de Slayer “Show no mercy”. Era verano y corría el año 1988, en el calendario occidental. Yo creo que básicamente estaba intentando ganarse mi cariño como cuñado, pero esa es otra historia, así que mejor quedémonos con la espiritualidad del acto, aunque pienso que lo que hacía este personaje era más bien una campaña de satanización infantil por el barrio. Esto último sí fue logrado.

En fin, les comenté a mis dos mejores amigos este suceso y nos juntamos al otro día en la casa de uno de ellos, sus padres trabajaban largas jornadas fuera de la casa, solo estaba su nana y su hermana chica. Fuimos a su pieza en el segundo piso, nos encerramos ahí y puse el cassette en la radio tipo Boombox que le habían regalado la navidad pasada. 

Cuando eres un pre púber durante la década de los 80, lo único importante para tí es callejear, andar en bicicleta o inventar pichangas, meterte a una pieza a escuchar música no era gran panorama. O quizás sí .Eso quedó claro un rato después.

Recuerdo como se movió mi cabeza por dentro con la intro del primer tema y su demoledora explosión de guitarras y baterías.¿Qué es esto? Me preguntaba mientras nos mirábamos con mis amigos y nos movíamos intentando seguir el ritmo o el sonido que salía por los parlantes. Tocábamos guitarras imaginarias y saltábamos como locos.

Si bien, me gustaba mucho la música new wave que escuchaban otros amigos, o la música popular en español que sonaba en la radio de mi casa, hasta el momento nunca había oído algo parecido a esto. El lado A del cassette terminó y descansamos un poco. Ha sido una descarga de energía trascendental. Tomamos un poco de bebida con unas marraquetas con queso que nos preparó la nana de mi amigo. Era un día casi perfecto. Digo casi porque aún no escuchábamos el lado B.

Gritábamos eufóricos, lo que se nos ocurriera en el instante, la hermana chica de mi amigo entró de imprevisto a la pieza y solo atino a reírse de nosotros, mi amigo la echo de un empujón, su llanto no se escuchó mientras bajaba las escaleras.

Nos tomó sólo treinta y cinco minutos entender que solo eramos niños queriendo entrar en un mundo de sonidos diferentes y que disfrutamos como si fuera la llegada de una bici nueva en navidad o ir al estadio a ver una final del campeonato. Era una alegría distinta, expresada a través de una música, que si bien era mal vista en esos tiempos de libertades vigiladas y padres sobre protectores, no fue impedimento para encontrar en ella un refugio al mundo externo e intentar vivir nuestras propias reglas desde ese día en adelante.

Nunca encontré al diablo visitándome por las noches debajo de mi cama y nunca tuve la intención de matar a mi mejor amigo con un cuchillo. Muy por el contrario esta música me propuso pasarlo bien, vivir la vida, reír, andar más rápido en la bici, jugar mejor las pichangas del barrio o, incluso, tener mejores notas en el colegio para comprarme mas cassettes de ese estilo. Lo de las mejores notas en el colegio nunca funcionó, pero logré igual conseguirme o grabar discos completos de la radio. Era más barato comprar cintas vírgenes y hacerlo de esa manera. Era el pirateo de esa época.

Nunca he dejado de escuchar Thrash metal y todos los derivados de esta música, pero sí agradezco poder haber logrado abrir la cabeza a diversos estilos que me parecían en un principio muy lejanos, pero hoy en día me parecen tan cercanos y motivantes en mi vida como lo fue ese  primer disco de Slayer una tarde de verano en los 80´s. Actualmente ya no los escucho la verdad, hay diferencias de pensamiento que me alejaron de ellos, pero esa es otra historia.

Juan Manuel aburto Z. (1976) Realizador audiovisual, fotógrafo, melómano y escritor en proceso. Cincoojos en Instagram.