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NUEVA FECHA

El 2019 fue un calendario borrado por su miseria. Desde octubre, el guión del país aparentemente estable y ordenado se fue a la mierda. O ya no había guión y se escribiría de nuevo en alguna parte. En ese escenario, la única certeza que tenía eran mis entradas para ver a Dream Theater, que tocaba en diciembre. Como ya no quedaba mucho tiempo, fui sin tener claro qué esperar, aunque sí estaba seguro que no quería ninguna nueva masacre. 

El día del concierto nos instalamos junto con mi amigo Marcelo en medio de un Movistar Arena lleno, pero no silente. La gente no estaba ajena a los caceroleos, a las marchas, al tóxico gas lacrimógeno que no se extinguía porque parecía que siempre fue parte de la memoria chilensis. Aunque un mito de la cultura popular cuenta que casi todos los metaleros son fachos, adentro se veía cómo la muchedumbre coreaba: “¡EL QUE NO SALTA ES PACO!”. Ni Phil Anselmo (Pantera) ni Dave Mustaine (Megadeth) habrían aguantado suprema insurrección. Seguro que eso sólo pasa en los países serios, como decía la diputada Camila Flores, una declarada fanática de Slayer orgullosa de homenajear en la Cámara de Diputados a su vocalista, Tom Araya. 

Cuando empezó, yo estaba totalmente ausente de ese sitio. Hasta que sonó el péndulo del reloj. Se escuchó: close your eyes and begin to relax. Siguió la cuenta regresiva, Petrucci comenzó a tocar y LaBrie a cantar desde su escalera. Ahí comenzó el Act I del Scenes from a Memory. Ahí volví a creer en el presente, abrir la misma retina que se mostraba en pantalla y gozar la simetría absoluta de los sonidos que conjugaba Petrucci con maestría y los demás en brillante complicidad. Ahí comenzó uno de los mejores conciertos que he visto, que todavía sigo escuchando en medio del silencio.

Al llegar a mi casa, creí que ese sería mi último concierto en vivo, tal como lo conocía. ¿Habrá una nueva vez? Metallica venía en marzo de este año y me hizo dudar. Mi duda se demoró meses, hasta que las entradas se agotaron y ya no había nada que hacer. A lo mejor habría una nueva oportunidad. Pero suspendieron. Vino marzo, la pandemia, el confinamiento, las rutas comunitarias para matar el hambre, las epidemias del Excel y de los números poniendo la bota sobre las almas humanas. Desde que llegó marzo, parece que todavía no se acaba.

A pesar de eso, vuelvo a escuchar el Metropolis y no puedo dejar de pensar en el Monsters of Rock de septiembre del 91, donde Metallica, junto con Pantera y AC/DC tocaron en Moscú, en un momento bisagra, en un mundo que meses después despediría un importante ciclo de su historia. Un extraño registro de ese concierto que todavía circula por internet permite ver a Metallica interpretar Enter Sandman en medio de masas de gente y una muralla de militares rusos que luchaban por contener todo, incluso a los soldados que se sublevaban queriendo ser uno más del público. Yo nunca pisé suelo soviético, pero cuando lo vi por primera vez, también me creí uno de esos soldados repartiendo vodka en medio del público. Yo nunca fui ese soldado, pero le creo absolutamente a James Hetfield cuando contó en una entrevista su sorpresa por ver a esa gente disfrutar esa vivencia como si fuera su primera vez, en lo que algunos ven la consagración del capitalismo tardío y la muerte del estalinismo. El muro de Berlín todavía no se derrumbaba, pero a partir de ese concierto todo su cemento estaba empezando a trizarse. 

Por eso, después de escuchar el Scenes from a Memory, a veces pienso que estuve en un concierto de una época que se fue abajo. Eso sí, el derrumbe fue claramente muy distinto: si en los 90 fue un muro el que se cayó, hoy muchas murallas se derribaron entre nosotros y nos volvieron transparentes ante cualquier mirada, exponiéndonos como siempre hemos sido y como nunca lo imaginamos. ¿Y ahora qué?

Lo que sí se sabe, por ahora, es que se viene el rebrote (al menos, de los conciertos). Metallica reagendó, como gran leyenda viva, para una nueva fecha, a fines de este año. Quizás nosotros también nos convirtamos en leyenda cuando termine la guerra, alguien la limpie y las cámaras se hayan ido a otra guerra, como dice Wislawa Szymborska en “Fin y principio”. No lo sabemos. Quizá lo sepamos cuando tengamos, como sociedad, una nueva fecha.

Ismael SierraIsmael Sierra (Santiago, 1986). Abogado de profesión, aficionado a la escritura, coleccionista de victorias pírricas.