sons of kemet

IN THE CASTLE OF MY SKIN. Levantemos polvo en las canchas de tierra del Congo.

Tome nota, vecina.

Hay un grupo que se llama Sons of Kemet y tienen una canción increíble: In the Castle of my skin. 

Se ven bailando sobre una cancha de tierra a hombres y mujeres vestidos de ternos y camisas.

Usted trabaja así.

La he visto llegar del trabajo.

O la veía, más bien.

La música de estos gallos es mezcla de percusiones e instrumentos de vientos. 

Trombón, saxo, clarinete.

Todo empuja las pulsaciones. 

Es por los golpes. 

Es contagiosa la coreografía. 

Los negros bailan hasta cuando están en problemas.

Deberíamos aprender de eso.

Mover el cuerpo, o la cuerpa, o la cuerpá.

Sáquele, sáquele.

Preocúpese de respirar no más.

Vea cómo se le mueve la sangre y lo bien que se siente.

Hágalo para espantar males, o moles.

Deje de ir a esas vainas.

Apoye el comercio local.

No compre lechugas de góndola de supermercado.

Desconfíe si las coliflores son muy blancas. 

¿Cuándo han sido todos los tomates iguales?

Evite esa música que le ponen sin que usted se dé cuenta.

No mire las ofertas de cosas que no necesita.

¿Para qué querría comprar una alfombra persa ahora?

¿A quién va a recibir?

A no ser que la quiera para bailar descalza.

Ahí me retracto altiro.

Ya sé.

Al vecino que le vende las dobladitas y que le hace ojito.

Sé que lo encuentra insalubre y que le molesta que ande sin guantes, que tenga la nariz fuera de la mascarilla. 

Que la tiente tanto a usté como al viru.

No le compre mascarillas que no va a ocupar, si usted no sale.

Baile, señora.

Se lo recomiendo.

No descargue aplicaciones que le avisan si está temblando.

No sea ridícula. 

Si viene un terremoto ya veremos.

Su marido siempre decía que había que ahorrar neuronas.

El bailaba mucho cuando llegaba cocío de noche.

De las fiestas de fin de año siempre llegaba caramboleado.

¿No sabe lo que es estar caramboleado?

Le falta baile entonces.

Escuche a Redolés y pregúntese:

¿Cuándo llegará el socialismo?

Porque eso se espera del plebiscito ¿O no?

Báilese una polka, un tango contra la pared.

Practique besos con el espejo, mírese los ojos y enamórese de usted, no queda de otra.

No ponga sus fichas en llenar la despensa.

Destine esa plata en ayuda de la gente que está pasándolo mal.

Realmente mal.

Angustiados, con niños y el frío sobándoles las canillas.

Vamos a tener que movernos para darles la mano.

A ellos no les podría decir que bailen con esta desgracia, pero a pesar de todo, ellos bailan. 

Y los admiro, pero me da pudor decírselo.

Vergüenza de estar en mi computador escribiendo y tomando mate.

El mate lo voy a dejar porque me está desvelando.

Me preguntan por las reuniones de Zoom si trasnoché.

Claro, les digo yo. 

Me quedé bailando. ¿Solo? Me preguntan. Sí, solo.

Es que así es el mate. Así son las preocupaciones.

¿Sabía vecina que el mate es un regalo que le hizo la luna a los guaraníes para que se sentaran a conversar?

Yo lo aprendí ayer.

Pero ellos toman tereré.

Eso es helado.

Y al verano le faltan vueltas.

Capaz que se demore en llegar.

¿Se imagina si nos quieren encerrar por harto tiempo más?

Le insisto que tiene que aprender a bailar.

¿Cómo irá a reaccionar la gente con calor, confinada y bailando?

El vecino que vende pan amasado va a tener que ofrecer cubos de leche o de jugo de frutilla o de melón tuna.

Y usted va querer comprar varios para tener por si acaso llega.

¿El socialismo? Se preguntará usted.

NO.

Recuerde que esta vez es a la inversa.

Usted diga que SÍ.

SÍ, APRUEBO.

Que SÍ quiere cambiar la constitución.

Yo sé que usted cree en esa vía.

Le encanta cumplir con su deber cívico.

Usted votó por el plebiscito del 88.

Fue concertacionista.

Nueva mayorista.

Coqueteó con Lavín eso sí.

Ahí se me cayó.

Se le hizo agua la boca con los parques de nieve en pleno verano.

También se sonrió con el Kiki challenge de la Kathy Barriga. 

Esa es la famosa Robotina.

¿Qué pensarán el Pera y el Salfate?

Maldita sea, deben decir en su interior.

Y usted debe pensar, maldita sea no atreverme.

A propósito ¿Le pagó el kit de cuarentena a la vecina de la torre b?

B de baile.

B de billetera para pagarle todo lo que le vende.

Se me olvida que le anota al lápiz y le cobra lo de la semana completa.

Algo así como un crédito, porque así le gusta a usted.

 

Vi que a su casilla le sigue llegando el Mercurio.

¿Hasta cuándo?

Y no me diga que cuando llegue el socialismo.

Usted sabe muy bien lo que hace Agustín y que él no cree en esos proyectos colectivos.

Engañe a otro diciéndole que le es imposible renunciar a la suscripción.

Yo renuncié a mi trabajo y tengo más suerte que usted.

Usted lee a mentirosos patológicos y les cree.

Y usted se persignaba los domingos, cuando había misa en el San Juan, que le queda en la esquina, atrás del paradero.

¿Cuándo llegará la ofrenda y la señal de la paz?

¿Pensó que le iba a hablar del So…cia…lis…mo?

No me mire como diciendo qué está hablando este negro de mierda.

No se equivoque conmigo.

Yo uso cortinas de papel kraft.

Usted tiene una vitrina comprada en Muebles Sur.

Yo la mía la compré en la feria de Arrieta. 

La trajimos en la camioneta del amigo que la vendía. 

De don Ivo. Como el Basay.

Le aproveché de pasar un refrigerador malo que yo tenía en la casa a don Ivo.

Usted piensa en mandarlo a arreglar para mantener más comida congelada. ¿Para qué hace eso?

Ya veremos si es necesario.

Salga a pasear a su perro, señora.

Afuera hay sol y le hace bien la vitamina D. 

D de Danza.

El necesita estirar las piernas y usted también.

Lea lo que dice el diario mural: 

“15 claves para entender por qué a las mascotas no se les pega el viru.”

A propósito, hay una oferta de nueces orgánicas que se la recomiendo.

 

Su marido se murió y usted no maneja.

Ese auto que tiene ahí… Me pregunto…

¿Le interesaría que yo se lo trabajara?

Usted pone la bencina, y yo la mano de obra.

Usted el auto, y yo la licencia de conducir.

Entre que se llene de polvo o se llene de monedas…

¿Cree usted que haciendo esto, llegue el socialismo?

 

PAUSA

 

Le cambio lo que tengo en el bolsillo por su auto.

Así. 

Mano a mano.

Aunque pierda.

Aunque perdamos ambos.

¿Se podría correr el riesgo?

Y si todo falla, bailemos.

Yo le enseño.

Correteamos a las arañas que están debajo de los sillones.

Y si es arrítmica, se bailará así no más. 

A lo loco.

Van a volar los mercurios.

Van a caer como hojas en otoño y se van a pegar en el barro, como cuando usted quiere quedarse acostada viendo Netflix o durmiendo a pata suelta y le suena el timbre.

Hágale caso a su instinto y óbvielo. 

Duerma no más, sin pudor. 

Por último, sueñe que baila sola.

Sienta el castillo que tiene en su piel, así como esa canción hermosa de la que le hablé al principio.

 

Vicente Larenas Añasco. 1983. Dramaturgo, director y actor de teatro. Fundador de la compañía Caldo con Enjundia teatro-Chile. Colaborador en Revista Lecturas.