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El arte como expresión del espíritu

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El arte como expresión del espíritu

El arte, como expresión física de los seres humanos, ha dado cuenta del espíritu de cada generación, contándonos su historia, sus anhelos y desencantos; en tal sentido, podemos leer la época de la epopeya, donde la virtud en la guerra y la belleza, eran los deseos primarios de los hombres; o en la época medieval, donde la arquitectura cobró vida al retratar la creación; y aunque a los mismos dioses les hayamos otorgamos nuestra vanidad, esta nos trajo de vuelta la vista hacia nosotros mismos, renaciendo como centro de todo pensamiento, pintando nuestra humanidad e ilustrándonos con los relatos de quienes nos antecedieron.

En 7 líneas no se podrá dar cuenta de la historia de los hombres a través del arte, ni tampoco esa ha sido la encomienda de este escrito, sin embargo, cuestionar nuestro espíritu, es un acto tan sublime, tan humano, que no fue proyectado en los otros. ¿Cuál es el relato de nuestro espíritu? Es decir, ¿Cuál es su historia y su sentir? ¿Qué atributos le damos la generación actual? Es la reflexión del ser colectivo desde el ser individual, expresado en ocasiones mediante el arte. ¿Qué expresa nuestro arte? En la actualidad, la música se presenta como el escenario de mayor predilección social, la encontramos en todas partes en conjunción con otras artes, e igualmente ha estado sujeta a las transformaciones generacionales que se han presentado.  

Como se ha dicho, la observación de la industria musical actual, es una observación de nosotros mismos. En principio, se entrevé el cambio sustancial del proceso y el objeto de este arte, el cual pasa a adaptarse a las exigencias del mercado y, en consecuencia, a su producción; a diferencia de antaño, el artista deja de ser el transmisor del espíritu, pasa a ser un producto más de consumo, y la trasmisión, queda a cargo de un equipo técnico de conocedores de la industria, sus demandas y expectativas. La virtud y lo transcendental ya no tiene cabida en la nueva búsqueda, la de utilidad, son los placeres finitos los que garantizan el arte como expresión del espíritu l éxito comercial, el éxito de esta generación, el discurso que compramos, de acumular, guardar y desechar.

El contenido artístico cuenta con nuevas herramientas, nuestras nuevas compañeras de existencia, el arte está sujeto a tecnologías que son las encargadas de reemplazarnos progresivamente, al punto de que el artista solo necesita ser comercial, vendible en apariencia, hasta que ello sea remplazado por lo digital.

Sin embargo, cualquier hombre que se ha superado, ha de desprenderse de la omnipotencia que se les ha otorgado a nuestros nuevos dioses, e iría en la búsqueda del arte genuino, aquel sin el cual la vida incurriría en un error; es decir, sin la apreciación del verdadero arte, de la transmisión de lo que somos y no de lo que aparentamos ser, lo que nos han vendido y hemos aceptado sin juicio alguno a beneficio de unos pocos. He ahí la importancia de los artistas que no siguen discursos de las doctrinas que hoy en día imperan, que se alejan del sistema de valores predominante, y plasman sus propias historias y sentires, abandonando la dirección que toma el rebaño, siguiendo sus propios instintos; individuos que representan a quienes sentimos que algo está mal, que aún se sostienen sistemas que atentan lo que somos, considerando que aun el espíritu generacional debe seguir floreciendo, y por el disfrute de placeres temporales ello no puede perecer. 

El espíritu colectivo es uno solo, es la historia de los hombres, nuestra historia, una narrativa tan compleja como nuestra composición misma, como el universo mismo.  No todos los hombres han gozado del ser los transmisores del espíritu, esto ha sido atesorado por quienes llamamos artistas, y el arte, no podemos dejarlo reducido a las condiciones del mercado, en donde lo que no vende, no se hace, no podemos reducir de esa forma nuestro espíritu, ese no puede ser nuestro ocaso. 

Queda en manos del orfebre, cualquiera que sea su objeto y su metal, dar cuenta, cuando nuestro espíritu experimente nuevas historias y sentires, como fue nuestra experiencia y nuestro lugar.

 

Luis Felipe Gonzalez Gallego. (Cali, 16 de enero de 1996) Estudiante de ultimo año de ciencias políticas de la universidad del Valle, Colombia.