Máquinas para el sonido

Máquinas para el sonido

Máquinas para el sonido

Máquinas para el sonido

Hace algunos días buceando en el feed de instagram me pillé con un meme o infografía particular. Trataba sobre el proceso de evolución histórica de los reproductores y la industria musical, partiendo desde los fonógrafos hasta llegar a los modernos y luminosos ipods. Es interesante pensar en cómo se relaciona el avance tecnológico con los procesos compositivos de las épocas, y cuánto se influencia lo uno de lo otro. La carrera del dinero siempre mete sus manos en el desarrollo de ambos.

La música y los aparatos que la reproducen nunca faltaron en mi casa. Recuerdo que mi hermana se encontró un cajón de feria lleno de cintas. Rescatamos varias joyas, el resto se usaron para grabar encima. Teníamos una casetera negra y destartalada marca Panasonic que resistió varias caídas por su traslado constante y nada cuidadoso. Programas radiales (los reales y los que hacíamos jugando con mis sobrinos), aceite evaporado cuando sonaba Perales mientras mi madre cocinaba, mi hermana pausando y retrocediendo de manera compulsiva un track para poder transcribir una canción que le gustase. Parecía que nada podría destruirla.

Recuerdo también cuando mi hermano mayor me regaló mi primer personal estéreo junto a una cinta, un casete pirata con el disco King For a Day...Fool for a Lifetime de la banda estadounidense Faith No More. Era una tarde cálida y aburrida de esas de los 2000. Para variar había peleado con mi sobrino menor(aunque suene raro teníamos casi la misma edad). Pero esta vez el “castigo” sería uno de los momentos más importantes en mi vida como músico: tuve que estar sentado en silencio mientras mi hermano limpiaba su pieza y escuchar ese disco de principio a fin. Tenía un sistema un poco chasquilla en el que reproducía el disco desde una consola Playstation, pasaba por un equipo de música y la señal finalmente llegaba a una radio antigua donde se sobrescribía la cinta del cassette.

Algo pasó en ese momento. Descubrí lo que significa disfrutar un álbum en su totalidad, con todos los matices y transiciones que componen la unidad en una obra. Empecé también a desarrollar el gusto por recopilar música, ejercicio que termina por construirte como individuo, separando tus gustos y preferencias del resto, ayudándote a encontrar un espacio de intimidad frente al mundo, maravillarte por cómo una música en particular puede hacerte sentir identificado. No tanto tiempo después empezaría mi amor por tocar guitarra y componer canciones, lo que me llevó a juntar una gran cantidad de música.

El año 2005 me regalaron una radio con casetera y reproductor de cd. De un día para el otro se volvió accesible para algunos tener un computador con internet en casa. Podías descargar millones de canciones sueltas o discos enteros si querías. Tenía un par de amigos que “quemaban” en discos vírgenes lo que les pidieras, películas de culto, rarezas imposibles de encontrar en disquerías, conciertos en vivo, incluso (ahora me parece algo bizarro) bromas telefónicas. Gracias a esto pude ampliar mi conocimiento sonoro radicalmente. Todos los estilos, todas las épocas, todas las bandas cabían en ese momento en un disco duro y en los recientes y populares Mp3s. A pesar de que la calidad de estos últimos es inferior y al principio solo tenían una capacidad limitada de almacenamiento. 

Con la llegada de las plataformas de streaming el panorama cambió. Parece que ahora todo se construye bajo la premisa del lanzamiento, la expectativa del millón de visitas y los miles seguidores. Quizás ésta transformación en la manera de reproducir música, también cambió nuestra manera de disfrutarla. No es menor que en los carretes, en vez de sintonizar la estación radial favorita o elegir una canción en la gramola del bar, ahora se disputen teléfonos celulares para elegir las listas top de la semana. Pienso en esto escuchando Strange Days de The Doors en el auto de mi primo, uno de los cientos discos rayados y guardados en una funda, como se hacía antes.

Camilo Zanetti(Diciembre, 1990). Es músico, cantautor y poeta. Ha publicado Jardín(Calavero Estudio, 2018).