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Grunge y/o Trap

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Grunge y/o Trap

Al principio era el verbo. Luego llegaron los adjetivos y quedó la tole tole: jazz, salsa, rock, pop, psychobilly, kraut, swing, house, blues, garage, calypso, cueca, hiphop, ska, folk, reggae, techno, funk, punk, metal, noise, ambient, manouche, bachata, rhythm & blues, dubstep, aggro, afrobeat, triphop, deadcore, shoegaze, k-pop, cumbia, trova, bossanova, postpunk, postrock, postmetal, reggaeton, electrotango, grunge, trap, worldmusic…

Son nuestras formas de incompletarnos.

¿Que el trap y el grunge se parecen?

Claro que no, digo a la primera.

¿Que unos traperos argentinos son el nuevo rock&roll?

Claro que sí, respondo apurado.

Oigo a mis espaldas algunxs rockerxs desenfundando sus argumentos.

Ay, trap. ¿Qué culpa tienes?

Vengo haciendo rock desde los noventas. Vengo poniéndole atención a la música desde fines de los setentas: mi primer recuerdo es el sonido de burbujas de saliva reventando melodiosas y la luz de la mañana en la ventana del cité de calle San Diego. Tenía dos años.

Lo cuento no porque el recuerdo me dé alguna autoridad, sino al contrario, porque tener este recuerdo me hizo entender temprano que la experiencia de la escucha es completamente diferente para cada unx. Ninguna escucha está por sobre otra.

¿Por qué entonces desarrollamos como oyentes esta antipatía hacia ciertas músicas? ¿Este malestar, este descrédito? 

Nos aferramos a nuestra identidad, con miedo a perderla. Es nuestra madre, es nuestra hija. Nuestra continuidad universal. ¿Quién querría soltarla?

Pero ocurre que viene alguien y te dice que debes contentarte con tu cotidiano, con un poquito de tu cotidiano, y que no abras los oídos a eso que suena afuera. Es raro, distinto, peligroso… Podría gustarte.

Y la verdad nunca sabré si es Paul o Faul. No tengo las herramientas para saberlo con certeza. Y en esta carencia de herramientas se sustenta el espectáculo, la magia. Viene alguien y me cuenta esa historia. Pone un velo entre el fenómeno y yo. 

La historia me dice cosas sobre McCartney y los Beatles, que la música no dice.

Sin embargo yo escucho todo y hago una sola mole mental con la historia, con la música, con otras historias, con “Say, say, say” y un Michael Jackson negro, “Ebony & Ivory” y un atardecer en Talcahuano, con recuerdos de un departamento en San Miguel y mi padre cantando en la mañana “I saw her standing there”.

¿Es todo eso parte del discurso de Paul o Faul? 

Eso es lo que yo leo, lo que siento, lo que recuerdo.

El discurso musical de una obra se completa con la percepción que tenemos de ella.

Viene alguien y te dice “te llamarás grunge”.

Y a ti te gusta, porque eso no existía. Y todo lo que vives a esta edad parece nuevo en el mundo. Atrás quedó el glam que nos inseminaban por Sábado Taquilla y por la TVGrama. 

Ya no te venderán sus modas. Has tomado consciencia de la humildad del dolor y de la belleza de las camisas leñadoras.

Esto es otro rock. Tú eres otra juventud.

Respira.

Viene alguien y te dice “me llamo trap”.

Y a ti no te gusta, porque eso no existía. Y todo lo que vive el trap parece una anomalía.

No quieres saber de todas sus variantes estilísticas. La muerte de Lil Peep no es la muerte de Cobain. Te aferras a Soundgarden, Dinosaur Jr., Mudhoney, Babes in Toyland, Butthole Surfers, Nirvana, Mad Season, Stone Temple Pilots, L7, Screaming Trees, Meat Puppets, Candlebox, Alice in Chains, Melvins, Hole, Soul Assylum, Sponge, The Jesus Lizard, Temple of the Dog, Tad, Toadies, Days of the New, Veruca Salt, Smashing Pumpkins, Pearl Jam…

Y viene Wos y Trueno y te dicen “Te guste o no te guste, somos el nuevo rock and roll, niño”.

El discurso musical de una obra se completa con la percepción que tenemos de ella.

Vino John Lennon y dijo “Ahora mismo somos más populares que Jesús. No sé qué se irá antes, si el rock o el cristianismo”.

La musicología en sus inicios entendió el discurso musical como lo que decía únicamente la partitura. Luego se empezó a considerar el contexto histórico y social de la obra. Después, el estado mental, emotivo y físico del autor. Poco a poco se fueron agregando más elementos al análisis que nos hablaban de la obra y que se consideraban parte del proceso, como los medios de distribución, la técnica fonográfica, los vínculos con otras artes, y por supuesto, las líricas.

Hoy se comprende como un fenómeno social integral que abarca desde la intertextualidad de la obra en sus inicios hasta la recepción e interpretación que el público tiene. O sea, todo lo que dice algo de la obra, es parte de ella.

Eso incluye la actitud de lxs músicxs. 

Estas declaraciones irreverentes son muy rocanroleras y afectan el fenómeno social integral del que son parte. No es algo estrictamente musical. No hay guitarras afiladas en lo que dice Wos y Trueno. Pero ellos vienen del freestyle. Son maestros a la hora de meter la palabra en la llaga. No olvidemos que el rock surge como llaga, como ruptura en los 50s, y lo que en ese entonces era irreverente ahora es una teleserie para tomar once.

La ruptura siempre será la esencia del rock. No hay reglas musicales para eso.

En qué lugar y con qué fin inicias una ruptura es lo que definirá tu adjetivo.

En rigor todas las músicas son un mismo verbo.

Ese “alguien que viene” se llama Industria Cultural.

Doctor PezDoctor Pez no sabe nadar. Nunca supo. Ni siquiera cuando escribió la novela “Molotov”, esos puzzles surreales o esa treintena de poemarios confusionistas, disfrutando lo inédito de su obra. Sus discos transitan el mismo surco, equilibrándose entre lo popular y lo hermético. Su pedagogía es al revés, siempre aprendizaje y costalazo propio. Sus reflexiones se empeñan en volverse sangre en múltiples ejercicios de asociatividad musical. Desde 1995 se asume como creador en tiempo real y se ha asomado de vez en cuando en concursos musicales como el Festival de la Canción Comprometida o el concurso de composición Luis Advis (junto a la banda Solteronas en Escabeche), siendo reconocido siempre con el máximo color. Con 29 discos como solista, a sus 44 años es posible que su trabajo tenga más que ver con el amor, la exploración y la serendipia que con una categoría laboral, y más posible aún, que su ideario sea una huelga invisible.